Temí... no el gran amor.
Fui inmunizada a tiempo y para siempre
con un beso anacrónico
y la entrega ficticia
-capaz de simular hasta el rechazo-
y por el juramento, que no es más retórico
porque no es más solemne.
No, no temí la pira que me consumiría
sino el cerillo mal prendido y esta
ampolla que entorpece la mano con que escribo.
Rosario Castellanos.
martes, 23 de junio de 2009
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